Una sonrisa inborrable asomaba por mi rostro incromprensiblemente, no entendía porque no podía apagarla, si quiera un poco; parecía permanente. Todo era muy extraño, y a la vez, esa parte de mi me gustaba. Este nuvo yo, solo quería llamar a Sophie para agradecerle la cena de ayer. Aunque habíamos bebido bastante, yo estaba como una auténtica rosa. No tenía signos de resaca palpables, ni ojeras o bolsas que revelaran los burbons que había tomado. Todo parecía perfecto, hasta Greta se había encargado de recoger todos los restos. En ese momento, llamé a Sophie para agradecerle enormemente los pasados acontecimientos, pero no la comenté que mi alegría se debía Elena. Auqneu debería haberlo comentado porque quería verla tra vez. No se si en realidad me estaba obsesionando o si simplemente me había encantado su compañía. Yo sabía que era la primera, pero no lo quería afirmar tan rápido.
Hablamos duarente una hora, a ella si se la notaba la resaca, al contrario que a mi. No pude evitar mofarme un poco de ella, aunque con todo el cariño del mundo, ella me espetó que este nuevo yo que acababa de aparacer le estaba emepezando a tocar mucho las narices y, lugo me dijo que se alegraba de que porfin, me sentara agusto con otras personas después de la mala racha que había pasado. Luego yo le pregunté que si podíamos quedar otro día ella, Elena y yo. Aceptó y dijo que la llamaría. Yo no podía entrar más en júbilo. Iba a verla otra vez y eso me hacía la persona más feliz del mundo. Nos despedimos alegremente. Dejé el teléfono en una mesa del salón y mirè por la ventana. Donde media hora antes hacía sol, ahora estaba gris y lluvioso, pero a mi no me importaba, porque en cada gota de agua veía reflejado el bello rostro de Elena. Me daba exactamente igual que fuera periodista, eso era lo de menos. Aunque no quisiera reconocer que me estaba enamorando de ella, eso era lo que estaba pasando, aunque solo la conociera de una noche llena de alcohol, me había conquistado con sus palabras y sus dulces y penetrantes ojos caramelo.
Pasé el resto de la mañana metido en la bañera de mi habitación, con el vinilo en marcha,una botella de gran reserva abierta y un libro que estaba retomando después de muchos meses.
La tranquilidad que se respiraba en mi casa después de tanto tiempo se podía hasta tocar y me encantaba, respiraba gracias a ella. Esa tranquilidad mezclada con felicidad era algo que había dado por perdido, pero he visto que gracias a ciertas personas, la felicidad no desaparece, si no que se queda ahí esperando a que pase la tormenta, con toda la paciencia del mundo porque sabe, que después de algo malo, siempre termina habiendo felicidad, por muy pequenña e insignificante que sea. Y la mía porfin había asmoado de su recoveco en el interior de mi alma, para mostrársela todos y gritar: EH QUE ESTOY AQUI.
Di un sorbo de la copa de vino, respiré hondo y escondí la cabeza debajo del agua.
Acto después el sonido del teléfono me sacó de mis ensoñaciones con Elena y de mi tranquilidad y a pesar de que tenía el ceño fruncido, respondí con mi voz más alegre y gracias a Dios porque era Sophie. El corazón me dio un vuelco. Y si Elena no quería volver a verme? Y si me odiaba? Y si mi comportamiento extravagante la había asustado? Eran pensamientos demasiado negativos, precipitados y no tenían nada que ver con mi forma de pensar, tranquila y pausada. Esto se estaba saliendo un poco de su cauce. Pero, era lo que hacía el amor, aunque yo todavía no lo sabía con certeza, me estaba empezando a enamorar de Elena.
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